El Fellowship Caribe convocó a 93 jóvenes de San Onofre (Sucre), El Carmen de Bolívar y Cartagena de Indias, para vivir un proceso formativo profundamente humano que combinó el cuidado, la reflexión y la acción transformadora.

Durante varios meses, estos jóvenes se sumergieron en encuentros, diálogos, ejercicios de memoria, acciones comunitarias y acompañamientos personalizados que les permitieron fortalecer sus capacidades, consolidar redes de apoyo y activar proyectos para transformar sus territorios.

Tres dimensiones para comprender el cambio

El estudio de evaluación confirma transformaciones consistentes en las tres dimensiones que orientan la metodología de la Fundación Mi Sangre:

1. Dimensión individual – “Conexión con uno mismo”

Los y las jóvenes mostraron avances significativos en su autopercepción como líderes, en su capacidad para tomar decisiones y en el reconocimiento de sus propias fortalezas.
La medición evidencia mejoras de hasta un 80 % en habilidades como:

  • pensamiento crítico,
  • autorregulación emocional,
  • comunicación,
  • toma de decisiones y resolución de problemas.

Estos resultados hablan de un liderazgo que nace del interior y se sostiene en la conciencia de sí mismo.

2. Dimensión relacional – “Conexión con otros y con lo otro”

El Fellowship fortaleció la escucha, la empatía y la colaboración entre pares y con actores comunitarios.
Más del 70 % de los jóvenes participó activamente en:

  • actividades colectivas de transformación,
  • iniciativas comunitarias,
  • ejercicios de experimentación y diálogo con instituciones.

La evaluación resalta que esta dimensión fue clave para reconstruir confianza en territorios marcados por la desconfianza, las tensiones sociales y los efectos del conflicto.

3. Dimensión del actuar – “Acción transformadora en el territorio”

A partir de lo aprendido, se diseñaron e implementaron 12 iniciativas de cambio, enfocadas en:

  • Convivencia,
  • Educación emocional,
  • Prácticas artísticas,
  • Cuidado del entorno,
  • Memoria y tejido comunitario.

Estas acciones no solo movilizaron a los jóvenes, sino también a familias, docentes, liderazgos locales, organizaciones sociales y actores institucionales, dejando capacidades instaladas y nuevas redes de apoyo en los territorios.

Hallazgos cualitativos destacados

La evaluación también recoge aprendizajes profundos expresados por los propios participantes:

  • la importancia del autocuidado para poder sostener procesos colectivos;
  • el valor del diálogo intergeneracional y la escucha como herramientas de transformación;
  • la capacidad de los jóvenes para generar confianza en lugares donde esta ha sido históricamente frágil;
  • la fuerza de las narrativas comunitarias cuando se construyen desde el territorio.

El informe subraya que el Fellowship fortaleció no solo habilidades individuales, sino también maneras de habitar el territorio, comprender la historia local, enfrentar tensiones y acompañar otros procesos comunitarios.

Una conclusión que atraviesa todo el proceso

La confianza no se impone, se teje.


Y ese tejido se construye cuando las juventudes cuentan con espacios seguros, metodologías sensibles y acompañamiento cercano que reconoce el cuidado como parte esencial del liderazgo.

El Fellowship Caribe deja instalada una generación que aprendió a liderar desde el corazón, desde el territorio y desde la acción colectiva.