
El desarrollo se teje: tejer lo invisible para volverlo tangible
Autor: Pedro Fajardo
Cargo: Director ejecutivo · Fundación Mi Sangre
Evento: Cumbre de Inversión Social y Ambiental Privada de Colombia
1. Apertura: el desarrollo comienza en la relación
En sociedades fragmentadas, el desarrollo no comienza con una solución.
Comienza cuando actores distintos, que no confían entre sí, se atreven a construir algo juntos.
He dedicado buena parte de mi vida a trabajar en diálogo social, convivencia, prevención de violencias y construcción de confianza en contextos complejos. En ese camino he tenido el privilegio de trabajar con mujeres, juventudes, pueblos indígenas, organizaciones sociales, empresas, gobiernos y cooperación internacional.
Y si algo me ha enseñado este trabajo —y si algo me ha enseñado Colombia— es que nadie transforma un territorio solo.
Ni el Estado. Ni las empresas. Ni las organizaciones sociales. Ni la cooperación internacional. Ni la academia. Ni los medios.
Nadie puede solo.
Porque las transformaciones sociales no ocurren únicamente cuando encontramos buenas soluciones. También ocurren cuando logramos que actores que antes se miraban con prevención, distancia o desconfianza empiecen a mirarse de otra manera.
Soy Pedro Fajardo, director ejecutivo de Fundación Mi Sangre, y hoy quiero invitarlos a conversar sobre algo que muchas veces no vemos, pero que hace posible todo lo demás: cómo tejer lo invisible para volverlo tangible.
2. La pregunta que cambió nuestra manera de trabajar
Fundación Mi Sangre nació hace más de veinte años a partir de una invitación sencilla, pero profundamente ambiciosa: cambiar el odio por amor.
Esa invitación vino de Juanes y de Catalina Cock, una emprendedora social que entendió muy temprano que transformar un país exigía algo más que buenas intenciones.
Desde entonces, hemos trabajado para contribuir a sociedades más pacíficas, democráticas y regenerativas. Lo hacemos en tres entornos: las instituciones educativas, las comunidades y los espacios multisectoriales.
En esos entornos fortalecemos liderazgos, acompañamos iniciativas de transformación social, conectamos actores y construimos narrativas que hagan posible el cambio.
Pero hoy quiero concentrarme en el entorno multisectorial, porque allí hemos aprendido que reunir organizaciones no es lo mismo que lograr que colaboren.
¿Qué pasaría si dejáramos de entender el desarrollo como una intervención que se hace sobre los territorios y empezáramos a entenderlo como una capacidad que se construye con ellos?
3. El problema no es solo técnico
En Colombia hay territorios donde abundan los diagnósticos.
Sabemos dónde está la violencia. Sabemos dónde ocurre la exclusión. Sabemos dónde hay miedo. Sabemos dónde hay jóvenes sin oportunidades.
Y, sin embargo, seguimos llegando a esos territorios como si lo único que faltara fuera una nueva solución.
En Fundación Mi Sangre hemos aprendido que, muchas veces, el problema no es la ausencia de soluciones. El problema es más profundo: quienes podrían construirlas no confían lo suficiente entre sí.
Una empresa quiere aportar, pero la comunidad sospecha. Una alcaldía convoca, pero nadie cree. Una fundación quiere ayudar, pero no siempre cuenta con los recursos necesarios. La academia investiga, pero no siempre conversa con quienes viven el problema. Los medios narran, pero muchas veces llegan únicamente cuando estalla la crisis.
El desarrollo no es solamente un desafío técnico. También es un desafío relacional.
4. La confianza es infraestructura
Y cuando entramos en el campo de las relaciones, aparece un elemento fundamental: la confianza.
- No se ve como una carretera, pero conecta.
- No se inaugura cortando una cinta, pero sostiene.
- No suele aparecer en los presupuestos tradicionales, pero sin ella casi nada funciona.
Sin confianza, una política pública puede existir en el papel y no llegar realmente al territorio. Sin confianza, una comunidad puede ser consultada y, aun así, sentirse utilizada. Sin confianza, una empresa puede invertir recursos y no lograr legitimidad.
Por eso, en Fundación Mi Sangre decidimos abordar este desafío de una manera distinta. Creamos una metodología que llamamos Unir para Construir.
Parte de una convicción sencilla: los problemas complejos —la violencia basada en género, la exclusión financiera, la convivencia, la salud mental, el deterioro ambiental o el bienestar de las juventudes— no se resuelven únicamente con más recursos, más diagnósticos o nuevas soluciones.
También se resuelven cuando cambia la calidad de las relaciones entre quienes comparten el problema.
No basta con tener una buena solución. Hay que construir el ecosistema capaz de sostenerla.
5. Unir para Construir
Unir para Construir es una ruta de liderazgo multiactor. Convoca a personas del sector público, el sector privado, la academia, los medios de comunicación y las organizaciones de la sociedad civil, junto con líderes y habitantes de las comunidades.
Pero no las reúne simplemente para intercambiar opiniones.
Las reúne para escucharse. Para comprender el problema desde miradas distintas. Para cuestionar sus propias certezas. Para reconocer qué responsabilidad tiene cada actor. Para construir confianza y, finalmente, diseñar acciones concretas en conjunto.
La metodología se inspira en enfoques como la Teoría U, el tejido de ecosistemas y la innovación colaborativa. Pero ha sido construida desde una realidad profundamente colombiana.
Una realidad en la que la historia pesa. En la que la desconfianza no es irracional: muchas veces tiene razones. Y en la que ninguna transformación puede ser legítima si se diseña lejos de quienes viven el problema todos los días.
Unir para Construir no llega a un territorio con una respuesta prediseñada. Llega con una pregunta:
¿Qué podríamos construir juntos que ninguno de nosotros podría lograr por separado?
Esa pregunta cambia la conversación. Porque cuando una comunidad, una empresa, una alcaldía, una universidad y una organización social se sientan a observar un mismo problema desde orillas distintas, empiezan a aparecer posibilidades que antes no estaban en el mapa.
Para explicar este proceso usamos una metáfora sencilla, pero profunda: la de un jardín.
Un jardín no aparece porque alguien llegue y arroje semillas. Primero hay que conocer la tierra. Hay que entender qué ocurrió allí antes. Hay que observar el clima, cuidar las raíces y reconocer qué especies pueden crecer juntas. Y, sobre todo, hay que tener paciencia.
Con la transformación territorial ocurre lo mismo. No basta con sembrar una solución. Primero hay que preparar el terreno relacional que pueda sostenerla.
No sembramos solamente proyectos. Sembramos relaciones capaces de sostener proyectos.
Y cuando cambian las relaciones entre los actores de un territorio, también cambia lo que ese territorio cree posible.
6. Primera historia: mirar distinto a quienes siempre estuvieron allí
Quiero contarles una primera historia. La llamo: cuando innovar consiste en mirar de otra manera a quienes siempre estuvieron allí.
Hace algunos años, en Montes de María, trabajamos con el Departamento de Estado de Estados Unidos en un proceso para fortalecer la prevención y las rutas de atención frente a las violencias basadas en género.
El desafío era claro: muchas mujeres de las zonas rurales no conocían las rutas de atención o tenían enormes dificultades para acceder a ellas.
Durante uno de los encuentros de Unir para Construir apareció una tensión. Las lideresas sociales insistían en que la información debía llegar hasta las veredas. La Comisaría de Familia reconocía la necesidad, pero también una limitación muy concreta: no tenía los recursos suficientes para llegar de manera permanente a toda la ruralidad.
Podríamos haber terminado la conversación ahí. Unas reclamando. Otros explicando por qué no era posible.
Pero como en la mesa había actores distintos, alguien hizo una pregunta diferente:
¿Quiénes ya recorren todos los días esos caminos?
La respuesta era evidente, aunque hasta ese momento nadie la había visto: los mototaxistas.
Ellos conocían las vías, llegaban a las zonas rurales y mantenían contacto cotidiano con las comunidades.
Así nació un piloto para formarlos en las diferentes manifestaciones de las violencias basadas en género y en las rutas institucionales de atención. Ese trabajo se complementó con acciones de sensibilización en las comunidades rurales.
Los mototaxistas no reemplazaron a las instituciones ni se convirtieron en responsables de atender los casos. Se convirtieron en puentes.
La solución no llegó desde afuera. Tampoco apareció porque una organización tuviera una idea brillante antes de entrar al territorio. Apareció cuando actores que veían fragmentos distintos del problema pudieron observarlo juntos.
A veces, innovar no es inventar algo completamente nuevo. A veces, innovar es aprender a mirar de otra manera lo que el territorio ya tiene.
7. Segunda historia: la inclusión financiera comenzó por la confianza
La segunda historia sucede en Istmina, Chocó. La llamo: cuando la inclusión financiera comenzó por construir confianza.
Llegamos allí junto con una empresa del sector financiero para comprender las barreras que enfrentaban los mineros y las mineras artesanales para acceder al sistema financiero.
A primera vista, el problema parecía sencillo. Había que bancarizar. Abrir cuentas. Ofrecer productos. Organizar jornadas y llevar información.
Pero cuando empezamos a escuchar al territorio, descubrimos que detrás de la exclusión financiera había mucho más que una falta de servicios.
Había miedo. Había informalidad. Había experiencias previas de desconfianza. Había distancia frente a las instituciones. Había lenguajes que no se encontraban. Y, sobre todo, había personas que sentían que el sistema financiero nunca había sido diseñado para ellas.
Cuando una empresa escucha realmente eso, cambia su manera de actuar. Ya no se trata únicamente de llegar a ofrecer un producto. Se trata de reconstruir una relación.
Durante el proceso, mineros y mineras, instituciones, organizaciones sociales y la empresa pudieron conversar sobre las barreras reales de la inclusión financiera y diseñar acciones pedagógicas más cercanas a las necesidades del territorio.
Surgieron programas de radio sobre educación e inclusión financiera. Se creó el Día de la Inclusión Financiera en Istmina. Y se abrieron conversaciones que permitieron cuestionar muchos de los miedos, mitos y prejuicios que existían alrededor del sistema financiero.
Pero el resultado más importante no fue una jornada, una cuenta abierta o una campaña de información. Fue que personas y organizaciones que no necesariamente se reconocían como aliadas empezaron a relacionarse de otra manera.
La inclusión financiera no comienza cuando una persona cruza la puerta de un banco. Comienza cuando siente que ese sistema también fue pensado para ella.
8. Tercera historia: un parque volvió a ser posible
La tercera historia sucede en Envigado. La llamo: cuando una mesa impulsada por jóvenes ayudó a reabrir un parque que llevaba más de diez años cerrado.
En Envigado veníamos trabajando para fortalecer el liderazgo y la participación ciudadana de las juventudes, especialmente alrededor de la seguridad, la convivencia y el uso del espacio público.
En las conversaciones con distintos actores apareció una preocupación compartida: varios espacios públicos de la ciudad estaban dejando de ser lugares de encuentro y se estaban convirtiendo en escenarios de conflicto, temor o abandono.
De uno de los procesos de Unir para Construir surgió una propuesta: crear una mesa ciudadana de espacio público. Su tarea era sencilla de explicar, aunque difícil de realizar: identificar un lugar, recuperarlo de manera colectiva y demostrar que la comunidad podía volver a habitarlo.
La mesa eligió el Parque de las Ilusiones. Un parque que, paradójicamente, llevaba más de diez años cerrado.
Había sido clausurado después de múltiples dificultades de convivencia, conflictos alrededor de su uso y quejas de la comunidad. Durante años, la respuesta había sido cerrar la puerta.
La mesa decidió intentar algo diferente. Antes de pedir que el parque se reabriera definitivamente, comenzó a activarlo con una programación liderada por jóvenes: actividades para niños y niñas, personas mayores, familias y habitantes del sector, especialmente durante los fines de semana.
La pregunta ya no era solamente si el parque podía abrirse. Era si la comunidad estaba dispuesta a volver a encontrarse allí.
El piloto mostró que sí. La participación creció, las familias regresaron y el parque comenzó a recuperar su sentido como espacio de encuentro.
A partir de ese proceso, la Alcaldía se comprometió con su reapertura y destinó cerca de seiscientos millones de pesos para su rehabilitación.
Pero tal vez lo más importante no fue solamente recuperar un parque. Fue cambiar la manera de mirar a los jóvenes. Porque muchas veces hablamos de ellos como un problema para la seguridad o la convivencia. En este caso, fueron ellos quienes ayudaron a crear una ciudad más segura, más incluyente y con espacio público para todos.
El Parque de las Ilusiones volvió a abrirse cuando distintos actores decidieron volver a imaginarlo juntos.

9. Cuando cambia la conversación, cambia lo posible
Estas tres historias nos han dejado una de las convicciones más poderosas de Unir para Construir:
Cuando cambia la conversación, cambia lo que es posible.
Cuando los actores dejan de encontrarse únicamente para defender su posición y comienzan a escucharse, el territorio empieza a revelar recursos, liderazgos y oportunidades que antes permanecían invisibles.
Desde 2018 hemos desarrollado diecinueve procesos de Unir para Construir en al menos siete departamentos de Colombia: Antioquia, Nariño, Chocó, Sucre, Bolívar, Atlántico y Norte de Santander.
En estos procesos han participado, directa e indirectamente, más de dos mil personas. Hemos acompañado la construcción de planes de acción colaborativos y la implementación de dieciséis acciones concretas frente a problemáticas priorizadas por cada territorio.
Pero el resultado más importante no cabe por completo en un indicador.
Ocurre cuando actores que antes no se hablaban empiezan a escucharse. Cuando instituciones que desconfiaban unas de otras comienzan a coordinarse. Cuando empresas que eran vistas con distancia empiezan a construir legitimidad. Y cuando comunidades que antes eran consultadas al final empiezan a participar desde el principio.
Eso también es transformación.
Y aunque no siempre sea fácil de medir, es la infraestructura que permite que los demás resultados sean posibles y puedan sostenerse en el tiempo.
10. Una invitación a la inversión social privada
Y por eso quiero invitar hoy a las empresas a hacerse preguntas distintas.
No solamente: ¿En qué proyecto puedo invertir?
Sino: ¿Qué relaciones necesito fortalecer para que la presencia de mi empresa en un territorio produzca confianza y no distancia?
No solamente: ¿A cuántas personas beneficié?
Sino: ¿Qué capacidades colectivas quedaron instaladas?
No solamente: ¿Qué solución llevé?
Sino: ¿Qué solución ayudé a que el territorio construyera por sí mismo?
Porque invertir en desarrollo también es invertir en relaciones. E invertir en relaciones implica tomarse en serio la confianza.
Pero la confianza no es algo etéreo. No aparece por decreto ni se construye con una campaña. Se cultiva a través de comportamientos concretos.
11. Ocho palancas para cultivar confianza

- Coherencia. Que exista correspondencia entre lo que una empresa dice, lo que hace y la manera en que se relaciona con el territorio.
- Transparencia. Hablar con claridad sobre los intereses, los recursos disponibles, las limitaciones y también sobre aquello que no se puede prometer.
- Competencia. Hacer bien lo que nos corresponde. La confianza no se construye únicamente con buenas intenciones, sino también demostrando capacidad para cumplir una función.
- Cumplimiento. Cumplir los acuerdos, respetar los tiempos y no hacer promesas que después el territorio deba aprender a olvidar.
- Escucha genuina. Escuchar no para validar una decisión ya tomada, sino con la disposición real de permitir que lo escuchado transforme la decisión.
- Vulnerabilidad estratégica. Reconocer que no tenemos todas las respuestas, que también podemos equivocarnos y que necesitamos el conocimiento de los demás.
- Consistencia en el tiempo. No aparecer únicamente cuando hay una crisis, una inversión o una fotografía. La confianza se construye cuando la relación permanece.
- Propósito compartido. Encontrar una aspiración común que sea más grande que los intereses particulares de cada actor y que permita pasar del “yo” y del “ustedes” al “nosotros”.
Estas ocho palancas podrían resumirse de una manera sencilla: decir la verdad, hacer bien lo que nos corresponde, cumplir la palabra, escuchar de verdad, reconocer nuestros límites y cuidar la relación más allá del resultado inmediato.
Porque la confianza no se impone. La confianza se cultiva.
12. Cierre
Porque Colombia:
- Necesita mejores formas de encontrarnos.
- Necesita más confianza para actuar sobre aquello que ya sabemos.
- Necesita ecosistemas capaces de construir juntos.
La próxima vez que lleguemos a un territorio, quizás la primera pregunta no debería ser: ¿Qué solución vamos a llevar?
Quizás deberíamos comenzar preguntando:
¿Qué relaciones necesitamos cultivar para que este territorio pueda construir y sostener sus propias soluciones?
Porque el desarrollo no se impone…