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Un árbol en el cemento bogotano

Un árbol en el cemento bogotano

Potenciando las capacidades de lideresas sociales de alto impacto

Luisa Fernanda Luna Beltrán 

La vida siempre se ha visto resumida en la pequeñez de una semilla, que contiene lo que somos, lo que podríamos llegar a ser y lo que podemos ofrecer a los demás. Tan importante para las comunidades campesinas e indígenas como ignorada en las grandes ciudades que se las dan de cúspide civilizatoria, desarrolladas y cosmopolitas. Como si habitar el mundo fuera una cosa distinta a hundir las raíces en la tierra y moverse al ritmo de la abrigadora madre naturaleza.

Así ve Luisa su propio trasegar por este planeta, su historia ha sido como una pequeña semilla sembrada hace 27 años que, “sin darse cuenta, logra que el brote verde se expanda y llegue a cubrir su pequeña parcela. Si logras ver un árbol con las raíces fuertes, el tronco grande y todo su folleje en armonía, en el cemento bogotano, ese gran fruto soy yo”.

Pero dar buena sombra en medio del ferviente hormigón no es un asunto que se logra de la noche a la mañana. Se requiere tiempo, paciencia y una extraordinaria forma de arte con olores, sabores, sonidos y figuras que solo la naturaleza puede lograr. Por eso Luisa lleva 12 años apostándole al hip hop como una herramienta de transformación social y está estudiando una licenciatura en educación básica con énfasis en educación artística. Quiere, junto con la Escuela Libertaria de Educación Popular, reconstruir el tejido social y apostarle  a la construcción colectiva de la paz con educación y arte. En pocas palabras no se conforma con su resistencia, sino que desea hacer crecer a su alrededor un bosque para que ningún árbol se levante solitario. Un bosque plural que sirva de medicina en la “sanación espiritual dentro de un sistema patriarcal, machista y violento con la diversidad.”

En este sentido, de la mano de Fundación Mi Sangre, ella también se esfuerza porque las mujeres diversas en situación de calle no se marchiten. Con una iniciativa, que ha llamado “Yo también existo”, espera ayudar a que todas tengan una vida mejor a través de herramientas educativas y pedagógicas.

Su secreto está en hundir profundamente las raíces. Luisa se inspira en sus ancestros y los pueblos originarios que tienen una forma de ver la existencia y habitar los territorios que se alejan del cemento sobre el que ella misma está anclada como un acto de rebeldía.

Mientras se alza también sueña con poner la tierra en el centro, que devuelvan aquella que se han robado, que todos tengamos donde sembrar y nos enfoquemos en el agua y la comida para conseguir, a partir de ahí, todo lo demás. 

Es una ilusión que la lleva a abrazar a “todos los que hacen de la madre tierra una revolución consciente del mundo con amor”. También se abraza amorosamente a sí misma. Sabe que no es perfecta y que no tiene porqué serlo. Prefiere aprender del error, hacer canciones y sanar en la montaña. Al final lo importante es “servir bien” y “construir posibilidades para el buen vivir en comunidad”; así como lo viene haciendo, con el hip hop y otras  iniciativas, “porque hay esperanza y mientras la haya siempre valdrá la pena”.