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Angélica transformó su vida a través de la reconciliación

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Como parte de un proceso en el que se busca la no repetición de la violencia, una joven emprendedora y empoderada encontró la forma de dejar atrás los sucesos dolorosos.
 
Por: Melissa Álvarez, Comunicaciones Fundación Mi Sangre

A sus 25 años, Angélica Mass Álvarez ya sabe perdonar. Tras los golpes que le ha dado la vida, aprendió que quedarse en el pasado rememorando los pasajes oscuros, no es una opción para alcanzar sus sueños.

Su corregimiento, Currulao (ubicado en Turbo, Antioquia), como otros en Colombia, ha sido y es permeado por la violencia de grupos armados, realidad que también ha tocado a su familia, desplazada por la violencia.

Como mujer, decidió que empoderarse no solo comprende tener una forma de sustento. El cambio hizo parte de su vida y ahora es una lideresa juvenil, teniendo en mente la necesidad de que la juventud en su corregimiento tenga opciones diferentes a ese contexto de violencia.

Juventud sin límite es el colectivo que lidera Angélica bajo este objetivo. Por medio del teatro, la danza y la música, buscan la inclusión de la población joven en su territorio. Este aspecto de su vida, en el que ha trabajado un año, ha servido también a otro gran cambio en su vida: el aprender a reconciliarse con sí misma y con los demás.

Así, define este paso como una transformación en la dimensión psicosocial y en la capacidad de resiliencia. “En estos momentos nos cuesta más perdonar. A diario estamos recordando lo malo, lo que pasó, lo que nos hizo daño. Pero en estos momentos yo siento cierta tranquilidad, un poco más de seguridad a la relación con las otras personas”, afirmó tras un proceso de formación en habilidades para la vida y emprendimiento social durante ocho meses.

Angélica es una de las jóvenes de Apartadó y Turbo que hacen parte del proyecto Urabá: Atrévete a Soñar, una iniciativa que espera llegar a 480 participantes en la región, y que es financiado y apoyado por la Agencia de los Estados Unidos para el Desarrollo Internacional (USAID); ACDI VOCA, a través de su Programa de Alianzas para la Reconciliación; Banafrut y sus corporaciones; y la Fundación Mi Sangre.

Su transformación personal y social le ha permitido abrir las puertas de su vida a las oportunidades. “Me siento en capacidad de valorar lo que las otras personas están haciendo también por mí. Cuando uno se sobrepone a los momentos difíciles tiene la capacidad de saber reconciliarse, de saber perdonarse”, reflexionó la joven, madre soltera de dos pequeños.

Este proyecto para la reconciliación que se instaló en los barrios, las calles y los sectores de fincas bananeras, también ha ayudado a Angélica con su colectivo juvenil. Fortaleciendo en ella la capacidad de autogestión, el trabajo con aliados y actores del territorio, y la seguridad para continuar su emprendimiento social.

El cambio

Teniendo como mantra que los jóvenes necesitan opciones para emplear su tiempo libre y que la ola de violencia lleva a los jóvenes a otros caminos, y “a cosas que no son muy buenas para la vida”, Angélica considera que su corregimiento necesita más espacios para que estos ocupen su tiempo libre.

Y es que para ella, todo lo logrado en el proyecto en su vida social y comunitaria tiene gran impacto y complementa su vida personal. El proyecto ha dejado en Angélica diferentes habilidades para la vida, entendidas estas como un conjunto de destrezas psicosociales que buscan desarrollar en las personas la capacidad para afrontar desafíos de la vida diaria. Reconoce que ha mejorado en al menos tres: las relaciones interpersonales, el manejo de problemas y conflictos y el manejo de tensiones y estrés.

Actualmente, no mira con rencor su pasado, en el que se vio obligada a abandonar sus estudios de Licenciatura en educación Preescolar en tercer semestre, pese a tener una beca en el Tecnológico de Antioquia.

En ese entonces, vivía en Alto Mulata, en la vereda Toribio Medio y caminaba cerca de cinco horas para llegar a las aulas de clase, razón que sumada a otras personales y económicas la hicieron desistir de esta carrera profesional, pero no de su sueño de continuar sus estudios. Ahora, su esperanza está en el examen de admisión que presentó el pasado 16 de abril para ingresar a la Universidad de Antioquia.

En la región, el proyecto continuará hasta 16 de enero del 2019 con el firme objetivo de contribuir a que jóvenes en situación de riesgo, de los municipios de Turbo y Apartadó, se conviertan en agentes de reconciliación y cambio en sus comunidades, con el apoyo de entornos protectores que garanticen la no repetición de los hechos violentos.

 

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